Muy solicitada
Dama con velo de seda
Escuela florentina, siglo XV
Su verdadera valoración solo la conocen los participantes de la subasta. Los expertos llevan décadas debatiendo si se trata de un encargo directo de la familia Médici.
Descubra un mundo donde cada pincelada esconde una fortuna. Le invitamos a explorar nuestra selección exclusiva de obras que han marcado la historia del arte y cuyas pujas finales permanecen en el más estricto secreto.
Cada subasta es un evento único donde la pasión por el arte se encuentra con la estrategia. Conozca las etapas que transforman una obra en una inversión legendaria.
Nuestro equipo de expertos examina cada obra, verifica su autenticidad, estudia la procedencia y evalúa el estado de conservación. Solo las piezas que superan este riguroso filtro llegan a la sala de subastas.
La obra se incluye en un catálogo exclusivo que se distribuye entre coleccionistas verificados de todo el mundo. Se organizan vistas privadas donde los interesados pueden contemplar la pieza en persona.
El subastador abre la sesión con un precio de salida. Los participantes compiten con sus ofertas en un ambiente de tensión y elegancia. Cada alza acerca la obra a su verdadero valor de mercado.
Al caer el martillo, la obra cambia de manos. Se formaliza la documentación, se gestiona el seguro de transporte y la pieza se entrega en las condiciones más seguras y discretas posibles.
Cada obra de esta colección tiene una historia que va más allá del lienzo. Lo que realmente las hace invaluables no es solo la técnica, sino el misterio que rodea su precio final.
Muy solicitada
Escuela florentina, siglo XV
Su verdadera valoración solo la conocen los participantes de la subasta. Los expertos llevan décadas debatiendo si se trata de un encargo directo de la familia Médici.
Exclusiva
Impresionismo francés, 1874
La puja final por esta obra permaneció en el más absoluto secreto. Se rumorea que tres magnates compitieron durante más de cuarenta minutos por llevársela.
Pieza única
Barroco holandés, 1662
Por esta obra, los coleccionistas estuvieron dispuestos a pagar una fortuna. El precio de salida se multiplicó por doce en apenas tres minutos de subasta.
Tendencia
Abstracción lírica, 1958
El valor de esta pintura sigue generando controversia entre los críticos de arte. Algunos la consideran la obra cumbre del movimiento, otros la tildan de enigmática.
Legendaria
Escuela española, siglo XVII
Su coste real es conocido únicamente por los asistentes a aquella noche de subasta. La sala entera contuvo la respiración cuando el martillo cayó por última vez.
Nocturna
Vedutismo italiano, 1730
La cifra final de adjudicación nunca se hizo pública. Solo se sabe que el comprador viajó expresamente desde Tokio para estar presente en la sala aquella noche.
Más allá del catálogo y del peritaje, una subasta es un ritual con reglas propias, gestos medidos y un ritmo que solo entiende quien ha estado sentado entre los pujadores. Le mostramos, imagen a imagen y paso a paso, qué ocurre realmente cuando se cierran las puertas de la sala.
El subastador no solo canta los precios: lee el ambiente, detecta una ceja levantada, un leve asentimiento, un número que se alza con timidez. Ajusta el ritmo de la puja para mantener la tensión justa y arrancar el último alza antes de que el silencio lo decida todo.
En la sala se compite de tres formas: levantando la paleta en persona, pujando por teléfono a través de un operador dedicado que transmite sus ofertas en directo, o dejando una orden escrita con un límite máximo que el sistema defiende automáticamente hasta donde usted haya marcado.
Un coleccionista experimentado no grita ni gesticula: basta un movimiento casi imperceptible del catálogo, un contacto visual con el podio o un dedo apoyado en el reposabrazos. La discreción es parte del protocolo, y el subastador reconoce cada señal sin necesidad de palabras.
Cuando cesa la puja, el subastador repite la última cifra y, tras una pausa calculada, deja caer el martillo. Ese sonido seco sella la adjudicación: a partir de ese instante la obra ya tiene nuevo dueño, y comienza el proceso de formalización, pago y entrega bajo estricta confidencialidad.
A lo largo de los años, algunas subastas han trascendido lo comercial para convertirse en hitos culturales. Estas son las historias que aún se cuentan en voz baja entre entendidos.
Una obra del período arlesiano se adjudicó en una sesión que duró apenas cuatro minutos. El comprador, un industrial japonés, jamás reveló la cifra exacta. Los asistentes describieron un silencio absoluto antes de la ovación final.
Un códice ilustrado del siglo XIV apareció en una subasta privada en Ginebra. Tres instituciones pugnaron durante más de una hora. El precio final superó todas las estimaciones previas en un factor de ocho.
En una sola velada, cinco obras superaron la barrera de los siete ceros. Los coleccionistas presentes describieron la atmósfera como eléctrica, con pujas que se cruzaban desde tres continentes simultáneamente.
Una obra dada por perdida durante ochenta años reapareció en una colección privada. Su autenticación tardó catorce meses. La subasta resultante atrajo a más de doscientos compradores verificados de cuarenta países.
La identidad de compradores y vendedores permanece protegida en todo momento. Operamos bajo los más estrictos protocolos de confidencialidad del sector.
Empleamos tecnología de análisis espectroscópico, datación por carbono y estudios de pigmentos para garantizar la autenticidad de cada pieza.
Nuestra red de coleccionistas abarca más de treinta países. Cada subasta atrae a participantes de Europa, Asia y América.
Cada obra se entrega con certificado de autenticidad, historial de procedencia completo y documentación legal para su libre circulación internacional.
Llevo quince años coleccionando pintura barroca y jamás había visto un nivel de organización así. La vista privada antes de la subasta me permitió examinar la obra con calma, sin prisas. Y el catálogo... madre mía, la calidad de las reproducciones es de otro nivel. Me llevé un Zurbarán que llevaba tres años buscando.
Al principio dudaba, lo confieso. Eso de que no publican los precios me parecía raro. Pero luego entendí que es parte del encanto. La emoción de la puja, el no saber cuánto pagó el otro... Es como volver a la época dorada de las subastas. Repetiré sin duda, ya tengo el ojo puesto en un paisaje de la escuela de Barbizon.
Lo que más valoro es la transparencia en el peritaje. Me entregaron un dossier de cuarenta páginas con análisis de pigmentos, radiografías y todo el historial de la obra. Eso da una tranquilidad enorme cuando inviertes cifras importantes. El transporte hasta Valencia fue impecable, con seguro a todo riesgo.
Participé por primera vez el año pasado, casi por curiosidad. Acabé pujando por un grabado de Goya y... bueno, digamos que mi presupuesto se fue al garete, jaja. Pero no me arrepiento ni un segundo. La pieza es espectacular y el equipo me asesoró en todo momento. Ya soy adicta a esto.
Como marchante, he asistido a subastas en medio mundo. Lo que diferencia a esta casa es el trato personalizado. Me asignaron un asesor que conocía mis gustos al detalle y me avisó de tres lotes que encajaban con mi galería. Dos de ellos ya cuelgan en mi sala principal de Bilbao.
Heredé una pequeña colección de mi abuelo y no sabía qué hacer con ella. El equipo de tasación fue enormemente respetuoso y profesional. Descubrieron que uno de los cuadros, que yo tenía por una copia, era en realidad un original del círculo de Sorolla. Casi me da algo. La subasta fue emocionantísima.
Complete sus datos y nuestro equipo le enviará el catálogo privado con las obras, estimaciones y condiciones de participación. Sin compromiso, sin coste alguno.
En absoluto. Nuestro equipo acompaña a cada participante durante todo el proceso. Antes de su primera puja, recibirá una guía detallada y podrá asistir a una sesión informativa donde resolveremos todas sus dudas sobre el funcionamiento de la sala.
Sí, cada pieza que entra en nuestra sala ha pasado por un riguroso proceso de peritaje que incluye análisis de pigmentos, estudio de procedencia y, cuando es necesario, datación por radiocarbono. El certificado se entrega junto con la obra.
Por supuesto. Ofrecemos la posibilidad de participar por teléfono con un operador dedicado o mediante puja escrita anticipada. Muchos de nuestros coleccionistas internacionales operan exclusivamente de esta manera.
Al precio de adjudicación se añade una comisión de comprador que varía según el lote. Los gastos de transporte y seguro se calculan individualmente. Todo se detalla en las condiciones del catálogo para que no haya sorpresas.
Organizamos entre seis y ocho subastas al año, distribuidas por temáticas: pintura antigua, arte moderno, obra gráfica y piezas decorativas. Los suscriptores del catálogo reciben las fechas con tres meses de antelación.
Cada subasta es irrepetible. Las piezas que hoy contempla en nuestro catálogo podrían estar mañana en una colección privada al otro lado del mundo. No deje que la oportunidad pase de largo.